lunes, 15 de abril de 2013

El encuentro de Jesús con la samaritana - San Juan 4.

4:1 Cuando Jesús se enteró de que los fariseos habían oído decir que él tenía más discípulos y bautizaba más que Juan
4:2 —en realidad él no bautizaba, sino sus discípulos—
4:3 dejó la Judea y volvió a Galilea.
4:4 Para eso tenía que atravesar Samaría.
4:5 Llegó a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca de las tierras que Jacob había dado a su hijo José. Génesis 23, 4 Génesis 33, 19 Génesis 49, 30 Génesis 50, 13 Génesis 50, 25 Éxodo 13, 19 Josué 24, 32 Hechos 7, 16 Hebreos 11, 22
4:6 Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto al pozo. Era la hora del mediodía.
4:7 Una mujer de Samaría fue a sacar agua, y Jesús le dijo: "Dame de beber".
4:8 Sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos.
4:9 La samaritana le respondió: "¡Cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?". Los judíos, en efecto, no se trataban con los samaritanos.
4:10 Jesús le respondió:
"Si conocieras el don de Dios
y quién es el que te dice:
"Dame de beber",
tú misma se lo hubieras pedido,
y él te habría dado agua viva".
4:11 "Señor, le dijo ella, no tienes nada para sacar el agua y el pozo es profundo. ¿De dónde sacas esa agua viva?
4:12 ¿Eres acaso más grande que nuestro padre Jacob, que nos ha dado este pozo, donde él bebió, lo mismo que sus hijos y sus animales?"
4:13 Jesús le respondió:
"El que beba de esta agua
tendrá nuevamente sed,
4:14 pero el que beba del agua que yo le daré,
nunca más volverá a tener sed.
El agua que yo le daré
se convertirá en él en manantial
que brotará hasta la Vida eterna
".
4:15 "Señor, le dijo la mujer, dame de esa agua para que no tenga más sed y no necesite venir hasta aquí a sacarla".
4:16 Jesús le respondió: "Ve, llama a tu marido y vuelve aquí".
4:17 La mujer respondió: "No tengo marido". Jesús continuó: "Tienes razón al decir que no tienes marido,
4:18 porque has tenido cinco y el que ahora tienes no es tu marido; en eso has dicho la verdad".
4:19 La mujer le dijo: "Señor, veo que eres un profeta.
4:20 Nuestros padres adoraron en esta montaña, y ustedes dicen que es en Jerusalén donde se debe adorar".
4:21 Jesús le respondió:
"Créeme, mujer, llega la hora
en que ni en esta montaña ni en Jerusalén
se adorará al Padre.
4:22 Ustedes adoran lo que no conocen;
nosotros adoramos lo que conocemos,
porque la salvación viene de los judíos.
4:23 Pero la hora se acerca, y ya ha llegado,
en que los verdaderos adoradores
adorarán al Padre en espíritu y en verdad,
porque esos son los adoradores
que quiere el Padre.
4:24 Dios es espíritu,
y los que lo adoran
deben hacerlo en espíritu y en verdad".
4:25 La mujer le dijo: "Yo sé que el Mesías, llamado Cristo, debe venir. Cuando él venga, nos anunciará todo".
4:26 Jesús le respondió: "Soy yo, el que habla contigo".
4:27 En ese momento llegaron sus discípulos y quedaron sorprendidos al verlo hablar con una mujer. Sin embargo, ninguno le preguntó: "¿Qué quieres de ella?" o "¿Por qué hablas con ella?"
4:28 La mujer, dejando allí su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente:
4:29 "Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que hice. ¿No será el Mesías?"
4:30 Salieron entonces de la ciudad y fueron a su encuentro.
4:31 Mientras tanto, los discípulos le insistían a Jesús, diciendo: "Come, Maestro".
4:32 Pero él les dijo: "Yo tengo para comer un alimento que ustedes no conocen".
4:33 Los discípulos se preguntaban entre sí: "¿Alguien le habrá traído de comer?"
4:34 Jesús les respondió:
"Mi comida
es hacer la voluntad de aquel que me envió
y llevar a cabo su obra.
4:35 Ustedes dicen
que aún faltan cuatro meses para la cosecha.
Pero yo les digo:
Levanten los ojos y miren los campos:
ya están madurando para la siega.
4:36 Ya el segador recibe su salario
y recoge el grano para la Vida eterna;
así el que siembra y el que cosecha
comparten una misma alegría.
4:37 Porque en esto se cumple el proverbio:
"Uno siembra y otro cosecha".
4:38 Yo los envié a cosechar
adonde ustedes no han trabajado;
otros han trabajado,
y ustedes recogen el fruto de sus esfuerzos".
4:39 Muchos samaritanos de esa ciudad habían creído en él por la palabra de la mujer, que atestiguaba: "Me ha dicho todo lo que hice".
4:40 Por eso, cuando los samaritanos se acercaron a Jesús, le rogaban que se quedara con ellos, y él permaneció allí dos días.
4:41 Muchos más creyeron en él, a causa de su palabra.
4:42 Y decían a la mujer: "Ya no creemos por lo que tú has dicho; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es verdaderamente el Salvador del mundo".

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