Un hombre cae en un agujero hondo y oscuro, rompiéndose al caer brazos y piernas.
Pronto se escuchan sus gritos de dolor pidiendo ayuda.
Por casualidad pasa por allí Confucio, el gran filósofo chino, que mirando al fondo del pozo,
dice a aquel hombre:
“Amigo, permíteme darte este sabio consejo: si algún día logras salir de ahí, ten cuidado
de por donde andas para que no vuelva a sucederte lo mismo”. Dicho esto se marcho.
Poco después se acercó Buda por allí, el cual al ver al hombre le dijo:
“Amigo, necesitas ayuda. Si puedes hacer tu parte, podré ayudarte.
Intenta, controlar con tu mente el dolor y subir un poco a ver si te alcanzo con mis brazos”.
Pero aquel hombre con sus piernas y brazos rotos fue incapaz de moverse.
Entristecido, Buda se marchó de allí.
!Ya estaba aquel pobre hombre abandonado a su infortunio, cuando acertó a pasar por allí Cristo.
Este le miró compasivo y sin decir nada bajó hasta el fondo del pozo, donde él se encontraba,
le puso sobre sus hombros y cargó con él, hasta sacarle de aquel pozo de desesperación.
No hay comentarios:
Publicar un comentario