jueves, 24 de mayo de 2012

Las leyes que gobiernan la vida

de Buena Noticia En Accion, el Lunes, 7 de mayo de 2012 a la(s) 18:55 ·
Lo moralmente recto es siempre económicamente saludable.

E. Stanley Jones
Hablando en un centro de rehabilitación japonés, cité una vez a cuatro personas. En primer lugar a un cirujano que me dijo:
– He descubierto el reino de Dios en la punta de mi bisturí: está en los tejidos. Lo moralmente bueno es a la vez físicamente saludable.
En segundo lugar a un economista de primera plana:
– Lo moralmente recto es siempre económicamente saludable.
Luego a un sociólogo prominente:
– Lo recto en moral es siempre sociológicamente saludable.
En cuarto lugar, a un educador:
– Lo moralmente bueno es siempre educacionalmente saludable.

El director del centro comentó:
– Si lo recto es siempre saludable, ¿por qué no ha de ser lo saludable moralmente recto? ¿No se cumple también la ley a la inversa?
Coincidí con él de todo corazón. Sea que uno descienda de las normas morales a los tejidos y su salud, o de estos a aquellas, el resultado será el mismo. Porque la moralidad es una, sea que esté escrita en los tejidos o escrita en los Testamentos.

La vida es de una pieza. No hay dualismo, no hay “compartimentalismo”. La vida es una y las leyes que las gobiernan tienen una misma fuente: Dios. Las leyes que gobiernan nuestra vida física no son otra cosa que leyes de Dios. Son las leyes de Dios escritas en la carne y la sangre, los nervios y los tejidos. Las leyes que gobiernan las relaciones de orden económico, social, educacional y político son leyes de Dios.

Dijo Gladstone una vez:
– Nada que sea moralmente malo puede ser políticamente bueno.
Estaba sencillamente diciendo que cuando la política contradice al Camino, es mala política. Las leyes que gobiernan el bien y el mal son de aplicación universal, y la política no hace excepción.

Hooker expresó esta verdad en una frase penetrante:
– La ley, cuya fuente es el seno de Dios y cuya voz es la armonía del mundo.
Vio que la ley, dondequiera que operara, de ser verdadera ley, tenía una sola fuente: el seno de Dios. Y vio también que el propósito de esa ley es la armonía del mundo. Cuando la obedecen, obedecen las leyes de su propio ser, y el resultado es la armonía. La inversa es también verdad: cuando se quebrantan esas leyes, son quebrantados. El resultado es la desarmonía y la ruina.

Un representante de Tennesse dijo en una de nuestras reuniones en Washington:
– Solía sembrar maíz, y sabía que no era quien lo hacía crecer; eran las leyes de la naturaleza. Yo sabía que no podía hacer otra cosa que trabajar con Dios. Pero vengo aquí, y me encuentro con las únicas personas del mundo que creen que pueden hacer solas las cosas sin referencia a Dios y con los ojos puestos en las exigencias de las próximas elecciones. Ese es el mal ejemplo de nuestra política: los hombres tratan de sustituir el Camino por sus propios caminos. Y nosotros pagamos las consecuencias de tamaña estupidez.

Jesús dijo: “La palabra que yo he proclamado lo condenará en el día final” (Juan 12:48). Sí, y también ahora. Quienquiera que se opone al Camino es juzgado en el mismo acto.

No es necesario pronunciar la sentencia en el último día, porque la vida la pronuncia ya ahora. Cuando alguien vive según el Camino, “no será juzgado” (Juan 5:24). La vida lo aprueba.

Tomado del libro: El Camino de Editorial Peniel
E. Stanley Jones

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